Concha Díaz, encontrar en la lengua de signos una forma de volver a sí misma

Imagen de Concha Díaz

Mujer sorda, lectora incansable, activista y presidenta de la Fundación CERMI Mujeres, Concha Díaz aprendió desde muy pequeña a habitar un mundo que muchas veces le llegaba incompleto, como si las conversaciones, las clases y hasta ciertas emociones ocurrieran siempre un poco más lejos de donde ella podía alcanzarlas. Su historia comienza en Rota, entre el mar, los libros y una familia que siempre la sostuvo, aunque pasarían años hasta que pudiera comprender del todo aquello que la hacía sentirse distinta.

Concha recuerda su infancia como una etapa feliz, llena de juegos en la calle, veranos con sus primos, cuentos, cómics y una casa donde la lectura formaba parte de la vida cotidiana. Sin embargo, mientras avanzaba en el colegio, había algo que no terminaba de encajar. Ella aprobaba, sí, pero muchas veces no entendía bien lo que sucedía en clase. Recuerda cuadernos vacíos, aburrimiento y la sensación de atravesar las aulas refugiada casi siempre en la imaginación. Lo más llamativo es que, aun existiendo antecedentes de sordera en su propia familia y siendo también sordos sus hermanos, el diagnóstico tardara tantos años en llegar. Su pérdida de audición era progresiva y ella había aprendido, casi sin darse cuenta, a compensar, a observar, a leer, a adaptarse al mundo oyente sin contar todavía con las herramientas ni los apoyos adecuados. Como tantas niñas con discapacidad, aprendió antes a disimular lo que le ocurría que a pedir apoyos.

Ese recorrido íntimo, lleno de dudas, aprendizajes y descubrimientos personales, atraviesa buena parte del capítulo dedicado a ella en el libro 20 Mujeres Activistas por la Discapacidad. En sus páginas no solo aparece la dirigente y activista que hoy conocemos, también la joven que pasó años cuestionándose a sí misma en una época donde la discapacidad se vivía demasiadas veces desde el silencio, o el disimulo.

Hay un momento especialmente duro en su trayectoria. Cuando llega a Madrid para estudiar Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, un profesor le dice directamente que no ve posible que una periodista sorda pueda ejercer la profesión y le aconseja volver a su pueblo. Aquel comentario llegó, además, en un momento en el que ella todavía no había aceptado plenamente su sordera y seguía intentando encajar en un modelo de normalidad que la desgastaba profundamente.

Pero Concha consigue reconstruirse y ahí aparece una figura decisiva, Lourdes Gómez, referente sorda y activista, quien le mostró algo que cambiaría su vida para siempre, que no había nada malo en ella por ser una persona sorda. Aprender lengua de signos española no fue únicamente adquirir una herramienta de comunicación, fue empezar a reconciliarse consigo misma y comprender que no necesitaba esconder aquello que era.

Ella misma lo resume con una frase que atraviesa toda la entrevista, “la comunidad sorda y la lengua de signos me salvaron”. Y quizá ahí esté la verdadera raíz de su activismo. Porque Concha encontró en la comunidad sorda algo más que apoyo, encontró pertenencia, identidad y una manera distinta de habitar el mundo sin avergonzarse de quien era.

Granada marcó otro punto de inflexión. Allí tuvo intérprete en el aula por primera vez y pudo participar plenamente en la universidad. También allí despertó definitivamente su conciencia activista, cuando una profesora quiso esconder a la intérprete para no “desconcentrarse” viendo lengua de signos en clase. La reacción de sus compañeros fue abandonar el aula junto a ella y organizar una protesta que terminó movilizando a toda la facultad.

Hoy, como presidenta de la Fundación CERMI Mujeres y directora ejecutiva de la Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE), Concha Díaz sigue defendiendo causas profundamente necesarias, desde la reparación de las esterilizaciones forzosas hasta la lucha contra la violencia hacia las mujeres con discapacidad. Pero detrás de toda esa trayectoria institucional sigue apareciendo constantemente aquella niña de Rota rodeada de libros, mar y viento de Levante, una mujer que encontró en la lengua de signos no solo una herramienta para comunicarse, sino una forma de volver a sí misma.

Nota Esta semblanza forma parte de la serie dedicada a las protagonistas del libro 20 Mujeres Activistas por la Discapacidad, de Mayte Antona, que publicará la Fundación CERMI Mujeres con motivo del 20.º aniversario de la adopción por la Asamblea General de Naciones Unidas de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

Concha Díaz, presidenta de la Fundación CERMI Mujeres y directora ejecutiva de la Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE).