Marta Castillo, para que la diversidad no sea motivo de burla, sino un valor compartido

Imagen de Marta Castillo

Leyendo la historia de Marta Castillo hay una escena que permanece desde el principio, una conversación entre un médico y unos padres jóvenes que acaban de escuchar una palabra desconocida, acondroplasia. La madre pregunta si su hija tendrá complejos y el médico responde algo que terminaría marcando toda su vida, “los complejos están en vosotros”. A partir de ahí, Marta creció rodeada de una familia que decidió educarla desde la naturalidad, el amor y la confianza, y quizá ahí comenzó también su manera de mirar el mundo.

Ella misma reconoce que creció sintiéndose una niña querida y plenamente integrada en su entorno cercano. Sin embargo, fuera de ese espacio aparecían las miradas, las burlas y los señalamientos. Leyendo su relato, me llama especialmente la atención cómo distingue entre el dolor de la infancia y la conciencia política de la adultez. Hoy ya no le afectan igual ciertas reacciones, pero sí le sigue indignando que las personas con acondroplasia continúen siendo objeto de ridiculización social en formas que difícilmente serían toleradas hacia otras discapacidades.

Marta no habla desde el resentimiento, sino desde la dignidad. Y quizá por eso su activismo resulta tan firme. Rechaza frontalmente espectáculos que convierten a personas con displasias óseas en objeto de entretenimiento y recuerda que muchas veces detrás de esas situaciones hay falta de oportunidades y necesidad económica. Por eso insiste tanto en la importancia de generar alternativas laborales dignas y en romper una herencia histórica que durante siglos redujo a muchas personas de baja talla a personajes de burla.

También me parece especialmente significativa la importancia que concede a la educación. Su padre repitiéndole “Marta, tienes que estudiar” atraviesa toda su biografía como una brújula. Y ella estudió. Mucho. Comprendió pronto que la formación era una herramienta imprescindible para abrirse camino en una sociedad que todavía no ofrecía igualdad de oportunidades.

Hay detalles aparentemente pequeños que dicen mucho de su experiencia como mujer. Como cuando recuerda la frustración que sentía al no encontrar zapatos de tacón de su talla durante la universidad. Leyéndolo, una entiende que no estaba hablando solo de zapatos, sino del deseo de sentirse una más en esos códigos cotidianos de juventud, feminidad y pertenencia.

De la actual delegada del CERMI Estatal para Nuevas Formas de Activismo, se puede ver que llegó al movimiento asociativo fue casi intuitiva, descubriendo una entidad donde comprendió que podía poner su formación al servicio de otras personas. Desde entonces, su trayectoria dentro del activismo de la discapacidad ha sido constante hasta convertirse en presidenta de CERMI Andalucía y patrona de la Fundación CERMI Mujeres. Marta es una de las voces más reconocidas del feminismo en discapacidad en la actualidad.

Nota Esta semblanza forma parte de la serie dedicada a las protagonistas del libro 20 Mujeres Activistas por la Discapacidad, de Mayte Antona, que publicará la Fundación CERMI Mujeres con motivo del 20º aniversario de la adopción por la Asamblea General de Naciones Unidas de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

Ministerio de derechos sociales, consumo y agenda 2030