Patricia Sanz, perseverar para demostrar que los límites no siempre están donde otros creen
Mujer con discapacidad visual, psicóloga, activista y hoy una de las máximas responsables del Grupo Social ONCE, Patricia Sanz ha conseguido alcanzar algo más que una trayectoria profesional brillante. Leyendo su entrevista, una descubre sobre todo a una mujer que nunca permitió que otros decidieran hasta dónde podía llegar.
Su historia comienza con una madre que supo desde muy pronto que algo no iba, y mientras algunos médicos minimizaban aquellas señales, ella siguió buscando respuestas hasta obtener un diagnóstico.
Patricia recuerda su infancia con serenidad. Habla de un colegio pequeño donde no sabían técnicamente cómo abordar la discapacidad visual, pero donde siempre intentaron ayudarla. Sus compañeras le acercaban apuntes, la sentaban delante para que pudiera ver mejor y algunas amistades de aquella época siguen acompañándola hoy. Pero también hubo momentos difíciles. El recreo podía convertirse en un lugar incómodo cuando quedarse fuera de ciertos juegos parecía inevitable por no ver bien el balón a distancia.
Hay un episodio de su adolescencia que marca un antes y después en su trayectoria. Durante las prácticas de Física, una profesora le dijo que no podía entrar al laboratorio por miedo a que pudiera ocurrir algún accidente debido a su discapacidad visual. Patricia lo vivió como “un mal trago”, pero aquella historia no terminó en la prohibición. La profesora buscó apoyos, contactó con la ONCE y encontró la manera de que pudiera continuar con seguridad. Quizá ahí está una de las claves de esta semblanza, la diferencia entre cerrar caminos o buscar soluciones para que alguien pueda seguir avanzando.
Su llegada a la ONCE fue también, como ella misma reconoce, “un baño de realidad”. Allí le explicaron que su resto visual podía empeorar y que debía aprender Braille. Una vez más, la vida le pedía reorganizarse sin abandonar sus sueños. Y quizá por eso impresiona aún más leer el recorrido que vino después, desde aquellos primeros trabajos como estenotipista hasta formar parte hoy del Consejo General de la ONCE, el máximo órgano de representación y gobierno de una de las organizaciones sociales más importantes de nuestro país.
Entre medias hay universidad, independencia, trabajos exigentes y una Zaragoza que aparece constantemente en su relato como territorio emocional y aprendizaje de autonomía. También personas que confiaron en ella cuando todavía tenía que demostrar constantemente lo que valía. Una amiga que le enviaba apuntes con papel de calco, responsables que apostaron por su talento o profesores que entendieron que acompañar siempre es mejor que limitar.
Hoy Patricia Sanz sigue defendiendo que las leyes son importantes, pero que “cambiar mentalidades lleva mucho más tiempo”. Por eso insiste tanto en no bajar la guardia, especialmente cuando habla de igualdad, discapacidad o violencia contra las mujeres.
Y quizá una de las razones por las que apetece seguir leyendo su historia es precisamente esa mezcla de fortaleza y normalidad que atraviesa toda la entrevista. Porque detrás de los cargos y de la trayectoria profesional sigue apareciendo una mujer que nunca dejó de perseverar, incluso cuando nadie podía garantizarle el camino.
Nota Esta semblanza forma parte de la serie dedicada a las protagonistas del libro 20 Mujeres Activistas por la Discapacidad, de Mayte Antona, que publicará la Fundación CERMI Mujeres con motivo del 20º aniversario de la adopción por la Asamblea General de Naciones Unidas de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.
Patricia Sanz, es la vicepresidenta de Igualdad, Recursos Humanos y Cultura Institucional e Inclusión Digital del Grupo Social ONCE, y miembro del Consejo General de la ONCE.