Opinión

Mujeres, discapacidad y cribado social

Por Miguel Lorente, patrono de la Fundación CERMI Mujeres
Miguel Lorente, patrono de la Fundación CERMI Mujeres
Miguel Lorente, patrono de la Fundaci?n CERMI Mujeres

Miguel Lorente, patrono de la Fundación CERMI MujeresHay algo extraño en la consideración de la discapacidad bajo un argumento finalista en términos de resultados, cuando en realidad su significado muestra todo lo contrario.

 

Las mujeres con discapacidad son mucho más capaces que las personas que con todas sus posibilidades asumen el día a día sin el reto de los obstáculos que una sociedad individualista y hedonista coloca, para seleccionar o cribar desde su “normalidad” a las personas que llegan a los diferentes espacios de la realidad, sean estos profesionales, sociales, políticos, relacionales o familiares. 

 

La desigualdad de la sociedad es también funcional y práctica, tiene ese objetivo estratégico de poner obstáculos y dificultades para que las oportunidades no sean las mismas dependiendo de las circunstancias de las personas, haciendo que muchas de ellas queden por el camino atrapadas en alguna de sus trampas. Por eso, cuantas más desigualdades acompañan a las personas, mayor será la dificultad para alcanzar las oportunidades, y más grave será la injusticia social que mantiene esa estructura y esa organización de la sociedad. 

 

El día 8 de marzo es una fecha para tomar conciencia de la realidad socio-cultural androcéntrica construida históricamente sobre la consideración de las mujeres como inferiores a los hombres, y a partir de esa referencia hacer que cualquier persona diferente, no solo sea distinta, sino que también y, sobre todo, sea considerada inferior. Y cuanto más distinta sea, más inferior será situada dentro de ese modelo.

 

Las mujeres con discapacidad han sufrido la discriminación múltiple que suponen sus diferencias y su distancia a las referencias del modelo androcéntrico, sin embargo, no ha habido una respuesta proporcional para corregir esas desigualdades que las apartan de las oportunidades y de la convivencia.

 

Por un lado, porque ha habido una aproximación social basada en la compasión más que en la solidaridad, y por otro, porque desde el feminismo se ha abordado la situación con una perspectiva similar a lo que ahora el propio “feminismo decolonial” plantea respecto a las mujeres de otros contextos sociales y culturales, es decir, porque se ha actuado bajo criterios basados en las referencias de las mujeres y circunstancias al margen de la propia realidad de la discapacidad, lo cual ha ayudado a corregir algunas de las consecuencias, pero no a afrontar la realidad de las mujeres con discapacidad; una situación que ha fragmentado muchas de las respuestas y las ha dispersado en contextos muy diferentes. Todo ello ha contribuido a ocultar la desigualdad que hay en la esencia de su situación entre distintos escenarios y contextos, como si estuvieran al margen de la propia construcción social androcéntrica. 

 

La discapacidad de las mujeres no debe ser un tema sectorial ni particular cuando el objetivo es la convivencia democrática en Igualdad. El objetivo es la Igualdad, y esta no puede ir por fases, tiene que ser integral y desde el primer momento, lo cual significa considerar a las mujeres en sus diferentes circunstancias, no a las circunstancias que afectan a las mujeres junto a otros grupos de la población para luego llegar a la situación particular de las mujeres, como si la desigualdad estuviera construida sobre las circunstancias, no sobre el hecho de ser mujeres.

 

En un momento en el que tanto se habla de sentimientos sobre la identidad, no podemos dejar de lado los elementos que llevan a que muchas mujeres con discapacidad, todavía hoy, no se sientan ciudadanas.