Tres afganas con discapacidad que huyeron “del infierno” lamentan que “en España la vida es muy dura”
Formaban parte de la selección de baloncesto en silla de ruedas y tuvieron que salir de su país porque los talibanes “desprecian a las mujeres y más si tienen discapacidad”
Latifa Shakizada, Semin y Shabnam Jan son tres mujeres con discapacidad, que jugaban en la selección de baloncesto en silla de ruedas de Afganistán, que llegó a ser campeón de Asia. La llegada de los talibanes al poder en 2021 truncó sus vidas y tuvieron que huir. Están en España en donde se sienten a salvo pero las tres lamentan que aquí “la vida es muy dura”.
Una fecha marca el devenir de estas mujeres, aquel 15 de agosto de 2021 cuando la vida de millones de mujeres afganas se rompió en mil pedazos con la llegada de los talibanes al poder que prohibieron estudiar a las niñas, ir a la Universidad, trabajar, hacer deporte, reír, vivir… Una flagrante vulneración de los derechos humanos de las mujeres que ha destrozado la vida de todas las afganas y que provocó que un grupo de mujeres afganas con discapacidad como Nilofar Bayat, Latifa Shakizada, Semin o Shabnam Jan, entre otras, integrantes de la selección de baloncesto femenino en silla de ruedas huyeran de su país para poder salvar sus vidas porque al ser deportistas las consideraban peligrosas y porque su futuro era estar encerradas en sus casas.
Esas mujeres veneran a dos periodistas españoles, Antonio Pampliega y Paloma del Río que se implicaron en ayudarlas a salir del infierno. El rostro más conocido de estas mujeres es el de Latifa Shakizada, autora y protagonista del documental ‘Au revoir Kabul’, que realizó junto a Pampliega, que se estrenó en España el pasado mes de octubre y que relata el complicado éxodo de la selección afgana de baloncesto en silla de ruedas para salir de Kabul, capital de Afganistán.
La capitana Bayat, que conocía a Pampliega desde el año 2017, se puso en contacto con él cuando los talibanes estaban a punto de tomar el poder pidiéndole ayuda porque temía que iba a acabar en la cárcel. Las jugadoras y el periodista crearon un chat en whatsapp que llamaron’ Au revoir Kabul,’ que posteriormente dio a nombre al documental de Latifa y Pampliega. En ese chat, cuaderno de bitácora de una huida peligrosa, se gestionaban permisos y acreditaciones diplomáticas para huir del país, de la debacle que se avecinaba con la llegada al poder de los talibanes, se hablaba de miedo, impotencia, rabia, pero también de esperanza.
Latifa Shakizada, que lleva ya tres años en Madrid, todavía recuerda con pánico sus últimos días en Kabul, cuando creía que finalmente no podía escapar del terror talibán, vivencia que recoge el documental ‘Au revoir Kabul’ gracias al material que ella grabó y documentó con su móvil. Latifa es usuaria de silla de ruedas porque no fue vacunada contra la poliomielitis, una enfermedad viral que afecta a la médula espinal y causa parálisis en las piernas.
De sus compañeras de equipo es la que mejor está desde que llegó a España porque ha aprendido bastante bien el idioma y tiene un empleo en una ortopedia en Getafe (Madrid). En realidad hace el mismo trabajo que hacía en Kabul antes de tomar el poder los talibanes. Allí, además de jugar al baloncesto trabajaba en un centro de Cruz Roja Internacional en donde se hacían prótesis para personas que por culpa de la guerra habían perdido alguno de sus miembros.
Esta valiente afgana primero vivió en un centro de acogida en Madrid durante casi año y medio y se esforzó por aprender español, porque sabía que era la llave de su integración. Ahora “vivo
en una habitación en un piso que comparto. Mi situación es angustiosa porque tengo aquí a mi hermano pequeño y a mi mamá, en un centro de acogida en Alameda del Valle, un pueblo de la sierra norte de Madrid y aunque me gustaría que vivieran conmigo es imposible porque los tres no cogemos en la habitación”, relata Latifa a Generosidad.
Ella, como miles y miles de españoles, no puede acceder a un alquiler barato. “Tengo un sueldo pequeñito y los alquileres de piso son muy altos en Madrid. Estoy sufriendo mucho por mi mamá porque está sola y enferma. Mi mamá lo es todo para mí. Después de haberla traído de Afganistán no puede estar conmigo porque no tengo sitio para ella. Sufro mucho por ella porque tampoco puedo ir a verla ni a ella ni a mi hermano. Trabajo todos los días y están muy lejos. Ella sufre también porque después de haber podido salir de Afganistán creía que venía a España a estar conmigo y no es posible”.
NUEVE HERMANOS
A Latifa también le preocupa mucho la situación de sus otros nueve hermanos, algunos viven en Irán, en donde la situación actual es preocupante, pero sobre todo le preocupan los que están en Afganistán “en donde no solo no tienen libertad, es que no tienen ni para comer. No hay trabajo, no hay nada. Les envío algo de dinero todos los meses porque temo por sus vidas, pero claro, mi sueldo no es muy alto y la vida en España es muy cara, sobre todo los alquileres de los pisos. Son inalcanzables”, reitera la jugadora de baloncesto con discapacidad.
Además, ahora no puede jugar al baloncesto en silla de ruedas, porque “me tienen que operar de la garganta. Será la cuarta vez que pase por el quirófano. Espero quedar bien esta vez”, implora Latifa.
También quiere denunciar que “el mundo se ha olvidado de las mujeres de Afganistán. No digo que los otros conflictos no sean importantes, pero nadie se acuerda ya de que los talibanes han arrinconado a las mujeres, que son invisibles allí. Ellos desprecian a las mujeres y más si tienen discapacidad”, lamenta con dolor Latifa, que espera que alguno de sus compañeros de trabajo, con los que se lleva muy bien “me ayuden a encontrar ese piso que busco y que pueda pagar para poder traerme a mi madre y hermano y vivir los tres juntos en Madrid”.
La situación de Semin, compañera de Latifa en el equipo de baloncesto en silla de ruedas es mucho más complicada porque no tiene trabajo y “hay días que no sé qué voy a comer”, explica a Generosidad en su escaso castellano. Nació el 30 de julio de 1990 en Kabul. Sus piernas y su espalda están dañadas por culpa de un atentado suicida que la pilló en medio, lo que los militares denominan, un “daño colateral”. Empezó a jugar en un equipo de baloncesto femenino en silla de ruedas y llegó a la selección nacional. Esta decisión le dio mucho sentido a su vida.
Semin no se ha adaptado bien a la vida en España, a pesar de llevar tres años aquí, no ha aprendido bien el idioma, le cuesta mucho entenderlo y hacerse entender. Vive con mucho miedo porque “mi marido sigue en Afganistán y yo quiero que se venga aquí porque la vida allí no es vida”, llora esta afgana, a quien la soledad es una losa que la ahoga cada día.
Shabnam Jan, por su parte, llegó a España en el año 2023 y vive en Madrid. Su historia es también complicada. “Como consecuencia de las guerras en Afganistán, perdí ambas piernas. Mi pierna izquierda fue amputada y mi pierna derecha está paralizada. Además, mi mano izquierda también resultó lesionada. Actualmente utilizo prótesis en ambas piernas” declara Shabnam Jan a este medio.
Decidió que el deporte era una buena terapia para sentirse útil y ser feliz y se apuntó al equipo femenino de baloncesto en sillas de ruedas años antes de que los talibanes tomaran el poder.
“Tras la caída del gobierno afgano, debido a que mi padre era una figura militar importante en mi país, la vida de toda mi familia quedó en grave peligro. Los talibanes amenazaban a mi padre y a mis hermanos, por lo que nos vimos obligados a abandonar Afganistán. En el año 2021 emigré junto con toda mi familia a Irán”, rememora Shabnam.
Actualmente, se lamenta esta afgana, “mi familia vive en Irán, pero no tienen ninguna posibilidad de regresar a Afganistán por el pasado militar de mi padre. Temo mucho por ellos porque con lo complicada que están las cosas en Irán cualquier día pueden ser deportados”.
A Shabnam Jan le ocurre como a Semin, no domina el español y tampoco tiene trabajo. “Nadie quiere emplearme por mi discapacidad”, se lamenta y pide que “mi único deseo es que mi familia esté conmigo, que se vengan de Irán a España. Mi preocupación y dolor crecen cada día, porque todo mi pensamiento y mi corazón están con ellos. Vivir lejos de ellos es muy duro. Espero que algún día llegue el momento de estar nuevamente a su lado y encontrar paz”, concluye esta mujer con discapacidad afgana.
La primera jugadora afgana con discapacidad en llegar a España fue la capitana Nilofar Payat, en 2021, que vino en uno de los aviones que fletó el Gobierno de España para traer a miles de refugiados. Payat llegó con su marido y se trasladó a Bilbao donde la fichó el Bidaideak, un equipo de baloncesto en silla de ruedas masculino, que la acogieron sin problemas. Pero estuvo unos meses y se marchó a Alemania donde reside ahora.