Va por ellas

Vicky Bendito. Periodista y activista
El pasado 6 de marzo la Comunidad de Madrid me distinguió con el “Reconocimiento 8 de marzo: Cero Barreras” por la campaña en change.org ‘Soy sorda, no disminuida, aunque lo diga la Constitución”, para reformar el artículo 49 de la Carta Magna, una vieja reivindicación del CERMI.
Vicky Bendito, periodista y activista, recoge el premio de la Comunidad de Madrid “Reconocimiento 8 de marzo: Cero Barreras”

Vicky Bendito, al recibir el Premio 8 M con la presidenta de la Comunidad de Madrid.

 

 

Estoy muy agradecida a las más de 81.660 personas que han firmado y difundido la petición. Espero y confío en que 2020 sea el año del artículo 49 de la Constitución, porque, aunque se ha avanzado mucho desde 1978, y las personas con discapacidad hemos superado ese concepto médico rehabilitador que nuestra ley de leyes tiene de la discapacidad, lo cierto es que nuestros derechos aún no están garantizados de forma real para las personas con discapacidad, menos aún para las mujeres. 

 

Cuando reflexionaba sobre qué diría al recoger la distinción, pensaba en la cantidad de mujeres con discapacidad que he tenido la suerte de conocer a lo largo de mi vida, en Servimedia, en ILUNION, en el Grupo Social ONCE y en otras entidades, en líderes como Ana Pelaez, miembro del Comité de Derechos de las Mujeres de Naciones Unidas, y me reafirmaba en que todas nosotras somos la excepción que confirma la regla.

 

Porque, en general, las mujeres con discapacidad son silenciadas sistemáticamente, encerradas en sus casas, violadas, maltratadas, esterilizadas forzosamente (algo que pronto será, por fin, ilegal) y asesinadas sin que aparezcan en las estadísticas o en los medios de comunicación. Porque no solo no hay perspectiva de género, no hay perspectiva de género y discapacidad. 

Vicky Bendito, periodista y activista.

Son aún muchas las mujeres con discapacidad a quienes no se les permite decidir sobre sus vidas, sobre qué quieren hacer con ella, sus aspiraciones profesionales y personales, se cuestiona su capacidad de amar, de enamorar (quién las va a querer), para ser madres (cómo van a cuidar de un bebé, ¡por favor!), se da por hecho que no valen, o que no pueden cuidar de las personas a las que quieren, y tampoco ocupar puestos de responsabilidad. Son muchas las mujeres con discapacidad condenadas a hacer lo que otros determinan que pueden hacer. 

 

Pero cada vez son más las que se resisten a ese paternalismo, a esa caridad que nunca pidieron ni buscaron. 

 

Por eso, dediqué el reconocimiento a todas esas mujeres con discapacidad que cada mañana se levantan para destruir el muro del no, no a su maternidad, no a su sexualidad, no a sus ambiciones profesionales, no a decidir sobre sus propios cuerpos y sus vidas, a todas esas mujeres con discapacidad valientes que cada día hacen de su capa un sayo para ser las mujeres que han elegido ser: libres e independientes, para construir una sociedad justa, igualitaria y fuerte.

 

Va por ellas.