Los Raros. Dorothy Miles, la poeta que hizo de las manos un idioma de resistencia

Convirtió la lengua de signos en poesía y la escena en un acto político, para que la cultura de la personas sordas se viera, se entendiera y se respetara.
Imagen Dorothy Miles
Imagen Dorothy Miles

«Si yo fuera yo,/ no diría esas cosas agradables que digo;/no sonreiría ni asentiría con la cabeza/cuando tú dices/¡No!/ No soportaría, restringiría,/ reprimiría mi desacuerdo,/sino que discutiría cada punto hasta herir/entonces sonreiría/si yo fuera yo./Si yo fuera yo,/no permanecería encadenado a la cooperación;/daría mi mano humildemente a tu liderazgo/en tu camino./¡No!/ No desataría el anillo que ata mi cuello y me amordaza/y dejaría que mi gran odio vomitara en tu cara/entonces ¡reiría!/si yo fuera yo».

Estos versos pertenecen a Dorothy Miles (Gales, 1931-1993), poeta y activista sorda (a causa de una meningitis, a los ocho años). Si bien se resistió durante la adolescencia a emplear la lengua de signos, volcándose en el inglés, cuando comenzó su vida laboral (como asistente en un hogar que cuidaba de mujeres sordas) comenzó a emplear las manos y el cuerpo para comunicarse, y ya no las abandonó nunca para expresarse. No solo eso, acabó convirtiéndose en una gran activista y defensora de esta lengua.

Estudios en dos escuelas específicas de personas sordas, la Royal School for the Deaf at Old Trafford, en Mánchester, y la Mary Hare Grammar School, en Newbury, ciudad fundada por los normandos que conoció dos guerras, en la primera de las cuales el conde de Essex y sus hombres vencieron al ejército del rey Carlos tras quedarse sin pólvora.

En 1957, recibió una beca de la Asociación de Sordos de Inglaterra para estudiar en la Universidad de Gallaudet, en Estados Unidos. Fundada en 1864, fue en origen una escuela de gramática para niños sordos y ciegos. Se convirtió en la primera escuela en el mundo para la educación avanzada del colectivo, y sigue siendo la única institución de educación superior en la que los programas y servicios se diseñan específicamente para el alumnado sordo.

Miles estudió allí Lengua Inglesa y Psicología. Pronto comenzó a escribir poesía. También obras dramáticas, que escenificó ella misma. Tras licenciarse, en 1961, trabajó como maestra de niño sordos, y seis años después se integró en la Compañía Nacional de Teatro Sordo, donde convirtió la lengua de signos en una herramienta poética por encima de la pantomima, el subgénero que imperaba entre las representaciones dirigidas a la comunidad sorda. Pero Miles apostaba por la expresividad de la lengua de signos ante la del mimo, lo que produjo algunas tensiones dentro de la compañía.

Lo cierto es que el público mayoritario que acudía a las representaciones, era oyente. Esto animó a Miles a intensificar la lengua de signos en detrimento del inglés y del mimo, para atraer así a unos espectadores sordos que pudieran identificarse con su propia cultura y expresión comunicativa, al tiempo que sensibilizaría a los oyentes con la cultura de las personas sordas, mostrándoles la belleza que los movimientos de las manos podían alcanzar. La disparidad de contemplar el modo y manera de la teatralización procuró la marcha de Miles en 1967.

Si trasladó a la Universidad de California, donde comenzó a trabajar con la neurocientífica Ursula Bellugi (quien demostraría más tarde que la lengua de signos es una auténtica lengua, con sus normas gramáticas y su propia sintaxis, del mismo modo que los sistemas lingüísticos se transmitían de una generación de sordos a la siguiente) y su marido, el lingüista Edward Klima. Ambos analizaron con detalle el lenguaje poético de las composiciones de Miles, que seguía cada vez más interesada en la poesía, traduciendo a lengua de signos numerosos autores de la poesía inglesa de distintas épocas.

A finales de los setenta (1977), regresa a Inglaterra para colaborar con la Unión de Sordos londinense. Su trabajo, comprometido, incomprendido por muchos, fue incansable. Produjo contenidos para la BBC en los que se enseñaban la lengua de signos; escribió manuales de aprendizaje, algunos de los cuales, como A Beginner's Guide (prologado por la entonces princesa Diana de Gales) se convirtió en un superventas.

Sin embargo, la fundadora moderna de la poesía en lengua de signos no fue capaz de superar la depresión que atravesaba en 1993 y se defenestró. Murió en el acto.